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Se gobierna desde Moncloa y no desde Ferraz

El 12 de julio podrás acceder a la página web que alberga el Archivo Felipe González. Como muestra de lo que allí se podrá encontrar, hemos seleccionado varios documentos que ilustran su importancia. Los documentos van acompañados de un artículo escrito por personajes reconocidos que los explican y contextualizan.

Rosa Conde. Socióloga y exministra.

Leer este manuscrito del presidente Felipe González después de treinta años desde que se escribió tiene un valor incalculable para los que vivimos aquellos momentos y para estudiosos e investigadores que quieran conocer el proceso de reflexión y de toma de decisiones del presidente del Gobierno en uno de los momento más difíciles en los casi catorce años en que ocupó el  cargo (1982-1996).

El manuscrito que les comento es sobre la huelga general del 14 de diciembre de 1988 y contiene parte de las anotaciones de Felipe González acerca de una reunión del Comité Federal del PSOE unos días después de la huelga. Tiene, por tanto, un gran valor ya que esa huelga fue la primera ruptura verdaderamente grave entre UGT y PSOE.

Tanto la huelga, como el distanciamiento con UGT, fueron percibidas de manera distinta por el gobierno y por el partido, hasta el punto de que ese fue un claro motivo  de diferenciación entre la sede del gobierno y la del partido. Bien es verdad que ya en enero de 1983, poco después de llegar al gobierno, Felipe González manifestó en la Comisión Ejecutiva Federal que se gobernaba desde Moncloa y no desde Ferraz, cuando se plantearon las primeras discusiones sobre lo que tenía que hacer el gobierno. Años después, en 1990, durante el XXXIII Congreso del PSOE, esa idea llegó a la opinión pública cuando Felipe González pronunció la famosa frase: “se gobierna desde Moncloa y no desde Ferraz”. Por tanto, ya antes del manuscrito que comentamos,  Felipe González había dejado claro cuál era el  papel del partido y  cual el del gobierno.

En julio de ese mismo año de 1988 Felipe González hizo un cambio de gobierno. Como nuevos ministros entramos tres independientes, Jorge Semprún, Claudio Aranzadi y yo misma, dos destacados miembros de UGT, Matilde Fernández y José Luis Corcuera, y un histórico del PSOE, Enrique Múgica. Cambio en el que nos incorporamos las dos primeras ministras de los gobiernos de Felipe González. Recuerdo que entonces pensé, y lo compartí con alguno de los nuevos ministros, lo afortunados que éramos al entrar en el gobierno en un momento político tan positivo: la entrada en la CEE daba enormes posibilidades al país y rompía el aislamiento secular de España; la economía iba muy bien y permitía avanzar en algo tan esencial para los socialistas como el Estado de bienestar; el país se había modernizado, la democracia estaba consolidada y no se veían grandes nubarrones en el futuro, si exceptuamos el terrorismo de ETA.

Esto se refiere a julio de 1988. Pero en septiembre empezaron a cambiar las cosas. La huelga se fue fraguando poco a poco a partir de una iniciativa que inicialmente no parecía especialmente problemática: el plan de empleo juvenil. La distancia entre UGT y el gobierno socialista dificultó mucho la situación. Los debates en el seno del gobierno fueron muchos; el presidente, como se observa en este manuscrito, tenía un buen diagnóstico de la razón de la huelga y de cual debía ser, y había sido, la respuesta del gobierno. No obstante, sin duda, en los meses, semanas y días previos al 14D cometimos errores de comunicación. En aquellas circunstancias no resultaba fácil entender la virulencia de la posición de los sindicatos y especialmente de la UGT y de su secretario general, Nicolás Redondo. Tampoco se entendía la posición de los empresarios.

La huelga fue un éxito para los sindicatos y quizás el único logro del gobierno, y el mayor en esos días, fue reconocerlo desde el primer momento. Desde el Ministerio Portavoz, que yo dirigía,  informamos puntualmente del desarrollo de la huelga a lo largo de todo el día, con veracidad y sin negar en ningún momento la profundidad de la misma, siempre con el apoyo del presidente del Gobierno. Pero lo realmente determinante fue la reacción inmediata de Felipe González.

La huelga fue un miércoles y el jueves por la mañana, mientras yo estaba en la Comisión Delegada de Asuntos Económicos, recibí una llamada urgente del presidente para que fuera a su despacho a Moncloa. Al llegar me extendió una hoja, del mismo cuaderno que ven ustedes ahora  en este manuscrito. La leí:

- ¿Qué quieres que haga con esto?,  le dije.

- Que hagas pública esa nota de inmediato, respondió.

La nota decía: “El gobierno reconoce el éxito político de la huelga general convocada por las Confederaciones Sindicales así como el duro golpe que ello supone políticamente para el gobierno”. En la misma nota se informaba de la comparecencia  inmediata del presidente en el Congreso de los Diputados y del inicio de las negociaciones con los sindicatos.

El reconocimiento tan claro del éxito de la huelga fue una decisión personal de Felipe González, como lo fue ir al Parlamento a dar explicaciones e iniciar inmediatamente las negociaciones con los sindicatos. Fueros momentos complejos y difíciles. Podría seguir contando lo que recuerdo de aquellos días o comentar lo escrito por el presidente del Gobierno en el manuscrito que tienen delante, pero ya hay mucho escrito sobre ello y ustedes podrán saber mas adentrándose  en esta iniciativa de la Fundación Felipe González llamada “Memoria Cívica”.

Solo quiero añadir que poco después, el presidente del Gobierno convocó elecciones generales para el 29 de octubre de 1989. Nueve meses después de aquella gran derrota —porque no cabe la menor duda de que fue una gran derrota—, el Partido Socialista Obrero Español ganó las elecciones generales por mayoría absoluta con Felipe González como candidato a la presidencia, con un 39,6% de los votos. Esa es parte de nuestra historia. Solo una parte. En estos manuscritos se encuentran muchas claves, muchas más de lo que fue ese periodo de la historia reciente de España.